Las naciones occidentales se han mantenido unidas en su respuesta a la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero. Pero la guerra ha puesto de manifiesto las divisiones y cambios de adhesiones en otras partes del mundo. Algo que podría tener un impacto más amplio en la política mundial y en las Naciones Unidas, incluso en Ginebra.
Mientras que Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón han condenado de manera enérgica la guerra de Rusia en Ucrania, muchas naciones no quieren posicionarse. China —junto con India, los países del Golfo y muchos países africanos— es aparentemente una de ellas. Pero en las diversas votaciones de la ONU sobre la invasión rusa de su país vecino, algunos miembros han cambiado de posición (ver recuadro más abajo). Los Emiratos Árabes Unidos y Senegal, por ejemplo, primero se abstuvieron y luego votaron a favor de condenar a Rusia. China e India se han abstenido sistemáticamente. Las votaciones de la Asamblea General de la ONU son las únicas en las que pueden votar los 193 países miembros de la ONU, sin que ningún Estado tenga derecho a veto, como sí ocurre en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El Gobierno suizo, por su parte —tras algunas dudas iniciales por la tradicional neutralidad suiza—, se sumó a las sanciones contra Rusia adoptadas por la Unión Europea.
Mientras Japón sí apoya de manera incondicional la posición «occidental», algunos países de Asia no lo hacen. Y las miradas se centran en China e India, sobre todo. Dos países que en las votaciones de la ONU se han abstenido de condenar la invasión rusa.
«Dadas las relaciones de China con Rusia y sus relaciones con Occidente, creo que la abstención de China era de esperar», cuenta Gopalan Balachandran, profesor de Historia y Política Internacional en el Instituto de Estudios Superiores de Ginebra. En una declaración conjunta el 4 de febrero, los presidentes chino, Xi Jinping, y ruso, Vladimir Putin, dejaron claro que están de acuerdo en «oponerse a una nueva ampliación de la OTAN».
Para Antoine Bondaz, investigador de la Fondation pour la recherche stratégique (FRS), con sede en París, China y Rusia no se ven mutuamente como una amenaza «y están unidas para desacreditar a Occidente. China antepone sus intereses políticos a los económicos». Pekín también quiere incrementar su influencia con los países en desarrollo más que con Occidente, explica a SWI swissinfo.ch.
A finales de marzo, el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, hizo una visita sorpresa a la India, lo cual forma parte —según Bondaz— de su narrativa diplomática. «Quiere mostrar al mundo que Occidente está aislado y que India apoya a China y Rusia».
India en cinco ocasiones se ha abstenido de condenar a Rusia en la ONU, incluso en el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra. «India tiene relaciones muy estrechas con Rusia y lazos estrechos con Occidente», dice Balachandran quien añade: «Se abastece de mucho material militar de Rusia». Por eso, absteniéndose, intenta equilibrar ambas cuestiones.
India también puede verse atraída por conseguir petróleo ruso a precios reducidos cuando se disparan los precios mundiales. Y la decisión de la mayor democracia del mundo de abstenerse en la ONU puede reflejar su papel histórico en el movimiento de los no alineados durante la Guerra Fría.
También cabe señalar que en las votaciones de la ONU contra Moscú los antiguos Estados soviéticos de Asia central (como Armenia, Azerbaiyán, Kazajstán y otros) se han abstenido sistemáticamente o no han votado. Próximos a Rusia y económicamente dependientes de ella, están nerviosos y es evidente que no quieren tomar partido.
En la primera votación de la Asamblea General de la ONU para condenar la invasión, votaron «Sí» Kenia, Ghana, Gabón, Ruanda, Yibuti, Congo, Somalia y la República Democrática del Congo. Solamente Eritrea —la dictadura más dura de África— votó «No». Del total de 35 países que se abstuvieron, 17 eran africanos y otros ocho no votaron. En la segunda votación de la Asamblea General el esquema fue prácticamente el mismo.
Según Thierry VircoulonEnlace externo, investigador del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), hay toda una serie de razones para el alto nivel de abstención africana, entre ellas la creciente influencia de Rusia en este continente. Después de que Rusia se anexionara Crimea en 2014 y llegaran las primeras sanciones internacionales, Moscú ha tratado de aumentar su influencia en África. Y sobre todo lo ha hecho vendiendo armas y ofreciendo seguridad privada en países en conflicto como la República Centroafricana y Mali. Los países del norte de África —como Egipto y Argelia— para su alimentación también dependen en gran medida de las exportaciones de trigo ruso, que también tiene como clientes a Nigeria, Sudáfrica, Sudán y Tanzania.
Para Vircoulon puede haber también razones históricas. Así, durante la Guerra Fría, países como Argelia, Angola y Etiopía fueron prosoviéticos. Otros, como Sudáfrica, Namibia, Mozambique y Zimbabue, recibieron apoyo soviético en sus luchas de liberación. Y luego está el fenómeno del creciente autoritarismo en África, con recientes golpes militares en Sudán, Burkina Faso, Malí y Guinea. Y, por último, en los países africanos hay un creciente sentimiento antieuropeo (especialmente antifrancés en África occidental), quizás alimentado por el movimiento Black Lives Matter y las demandas de restitucion para los crimenes.
