Hoy lunes miles de familias se reunirán en el World Trade Center para recordar a sus seres queridos que perdieron la vida tras los ataques terroristas del 9/11. Durante la jornada, habrá un tributo que evocará las torres gemelas y también se espera la visita de la vicepresidenta Kamala Harris.
Ese 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones -dos de American Airlines y dos de United Airlines- fueron secuestrados por 19 terroristas del grupo Al Qaeda. A las 8:46 de la mañana (hora local) impactó el primer avión en la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York. Minutos más tarde, otra aeronave impactaría en la Torre Sur, uno en el Pentágono, en Arlington, Virginia, en las afueras de Washington, D.C., y otro cayó en un campo en Shanksville, en Pensilvania.

“Esa amenaza terrorista fue muy bien programada por ellos mismos (los terroristas)”, explica Nelson Barbosa, un agente retirado del Buró Federal de Investigaciones (FBI, en inglés), que estuvo de servicio en la agencia desde 1990 a 2014.
Trabajo conjunto entre las agencias de inteligencia de EEUU
Este agente retirado asegura que esos ataques terroristas del 11-S marcaron un antes y un después a la hora de proceder en el monitoreo de posibles amenazas terroristas en el país. “Ahora todas las agencias trabajan en conjunto, continuamente monitoreando la posibilidad de que alguien pueda intentar cometer un acto de terrorismo”, explica el experto en inteligencia en declaraciones a la Voz de América.
Por otro lado, el exagente especial retirado del FBI, César Paz, relata que en ese fatídico 11 de septiembre de 2001 se “aprendieron varias cosas” acerca de cómo se debían compartir informaciones sensibles que pusieran en riesgo la seguridad nacional.
El suceso acabó impulsando la puesta en marcha de un protocolo conjunto de todas las agencias federales de seguridad, algo que, según él, no se había llevado a cabo hasta entonces.
“En primer lugar, hay que mencionar que las agencias de inteligencia de Estados Unidos, como la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), la CIA (Agencia Central de Inteligencia) o el FBI no tenían un protocolo en cuanto a la comunicación”, dice Paz convencido de que “eso se debía a ciertas reglas que el Congreso había establecido” para regular la recolección de datos de inteligencia.
“Por mucho tiempo, el FBI era una agencia bastante secreta y no contaba con otras agencias”, ponía Barbosa como ejemplo. Pero, las cosas cambiaron para bien. “Así que lo que aprendimos fue que es importantísimo poder intercambiar inteligencia, intercambiar todo tipo de opiniones o la oportunidad de que se pueda prevenir un acto de terrorismo”, agregaba al respecto.
La investigación del 11-S
En total, fallecieron 3.017 personas y más de 6.000 resultaron heridas. Más de dos décadas después de estos ataques, aproximadamente el 60 % de las víctimas han sido identificadas, de acuerdo con los datos facilitados por la oficina forense.
El experto en seguridad nacional recuerda “exactamente” lo que estaba haciendo ese 11 de septiembre del 2001, como muchos en todo el mundo. “Estábamos todos reunidos con el número 1 de la oficina del FBI en Miami, es algo normal que se hacía de vez en cuando, y cuando nos llegó la noticia, todos corrimos a trabajar. Recuerdo que estuvimos largas horas, en mi caso tratando de descubrir quiénes eran las personas”, relata el agente retirado.
El exagente del FBI se desplazó a las academias donde se habían entrenado los terroristas para recopilar toda la información. No había tiempo que perder y se trabajaba a contrarreloj. “Se hizo todo lo que se pudo hacer en ese momento, hasta que finalmente empezaron a caer detenidos”, recuerda.
El mundo era diferente hace apenas 20 años. La palabra “seguridad” era un concepto que el hombre común relacionaba con un cerrojo más en su puerta o la capacidad de transitar por una ciudad libre de delincuencia. “Terrorismo” era algo conocido, pero de cierto modo ajeno, y sonaba como una cosa lejana.
Todo cambió la mañana del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y repercutió en los rincones más apartados del planeta.
Tres aviones secuestrados por extremistas islámicos fueron lanzados contra las torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington DC. Un cuarto, que se supone que iba dirigido a la Casa Blanca, se estrelló en un campo de Pensilvania.
Los ataques dejaron un trauma en la población estadounidense que aún no se ha diluido dos décadas después. El centro financiero de la ciudad de Nueva York pasó, en dos horas, de ser la meca cosmopolita global por excelencia a convertirse en una zona de escombros, columnas de humo espeso y cadáveres.
Alrededor de 3.000 personas murieron esa mañana en el World Trade Center. La ciudad no lo ha olvidado, y mucho menos los sobrevivientes y los familiares de las víctimas, que aun guardan la pesada carga de un hecho que marcó el inicio de un siglo y un milenio.
La increíble historia de William Rodríguez ha sido registrada una y otra vez por cientos de medios en el mundo, incluida la Voz de América.
Todos estos testimonios individuales también hacen parte de la memoria colectiva que reúne el museo del 9-11 en el lugar donde estuvieron las torres. Sus exhibiciones integran las estrategias que como sociedad han construido los estadounidenses para no olvidar y para sanar emocionalmente.
«Hemos aprendido mucho a raíz de esos ataques terroristas, hemos aprendido lecciones como de esperanza, reflexión, resistencia y unión que es el mensaje que queremos transmitir para todos ustedes», dijo a la VOA Isaac Pacheco, portavoz del museo.
Hay un empeño: Nunca olvidar, Never Forget, ese es el lema que acompaña la imagen de las torres gemelas 20 años después de su desaparición.
Para quienes vivieron en la época de los ataques, como para los propios sobrevivientes y para las nuevas generaciones alrededor del mundo, ver y escuchar los testimonios de los que experimentaron la tragedia es crucial.
«Uno de mis compañeros estaba preparándose para la boda de su hijo… esas cosas que no pudieron hacer… me los quitaron de la vida mía, como quien dice, les robaron la vida a ellos. Todavía duele, aunque son 20 años… sí duele», dijo Marisol Arreola.
Sujo John, otro sobreviviente, ha «usado esta estrategia como una forma de decirle a la gente: ‘puedes estar amargado o puedes ser mejor […] Cada historia de vida puede ser reescrita’».
«Siempre hay que recordarlo para no cometer esos mismos errores. Yo creo que es mejor honrarlos a ellos», opinó Marisol.
Justo donde se erigían las torres gemelas originales, dos torres de luz, elevándose hacia el cielo, buscan recordarle al mundo que el oscuro capítulo del 11 de septiembre de 2001 no se puede repetir y no será olvidado.
